Trilogía de linaje entre abuelo, padre e hijo llevando el peso del mítico nombre bíblico.
Un “Ismael” que desde la niñez me conectó con el amor que José Martí sentía por su hijo y que demuestra en su poemario “Ismaelillo” haciendo una asociación con el hijo de Abraham y la egipcia Agar que los árabes consideran progenitor de su raza.
En hebreo Ismael significa “Dios escucha” y a estos 53 años hoy cumplidos puedo atestiguar que esa abreviatura cómoda a la que llamamos Dios escucha los más profundos deseos que nacen en nuestro corazón. Y sobre todo aquellos que apuntan a la verdadera paz interior.
Hoy más cómodo en mi propia piel, más libre de mente y más despierto en consciencia entiendo que un tercer Ismael en mi familia tenía la misión de continuar una tradición o irse en rebeldía a formar una nueva ruta tal cual hizo el hijo de Abraham.
Ismael, mi abuelo, murió suicidandose e Ismael, mi padre, murió en un sanatorio sufriendo de esquizofrenia tras haber sido un brillante ingeniero químico.
El tercer Ismael, yo, creció en medio de esa herencia perturbadora y decidió a sus 15 años romper esa cadena y pedir que Dios le escuchara para encontrar en su corazón un profundo amor que le conectara con la verdad esencial y el propósito de la existencia. Eso que llamamos conexión sagrada.
Y en comunión con Dios y ese amor a Jesús y las diversas fuentes de las cuales he bebido… hoy puedo decir: “Dios siempre estuvo escuchando y guiando un camino de liberación y reinvindicación a las tribulaciones de abuelo y padre Ismael, a quienes honro y amo profundamente en la inmensa comprensión, que su dolor ha sido a través de la desesperación, la fuente de mi liberación y crecimiento personal.”
Hoy 8 de septiembre de 2022, día de mi madre divina, la patrona de Cuba, Virgen de la Caridad del Cobre, doy gracias a Dios por haber hecho el milagro, por haberme permitido soñar con conocer el mundo, y hoy sentir que el mundo es mi gran casa y en ningún rincón me siento extranjero.
La gran victoria es que hoy creo saber quien soy, me comprendo mejor y me logro superar más fácil y amorosamente.
Hoy celebrando 53 me siento de 35 en esa inagotable curiosidad de apreciar cada segundo de esta aventura que es vivir. Vivir para manifestar sueños, servir a todos los que pueda, con esos dones y talentos que Dios sembró como semillas, y la pasión que les hizo crecer en fuentes de creatividad.