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Aleyda Ortiz: Un antes y un despues

Tras enfrentar un 2020 lleno de cambios y enseñanzas, la presentadora y modelo puertorriqueña tiene claras sus prioridades: compartir sus experiencias Para inspirar a otros y vivir con intensidad el presente.

Por: Salvatore Laudicina

Tras los saludos protocolarios y los agradecimientos mutuos, la figura pública cede su lugar al ser humano. La vida perfecta y las falsas sonrisas tienen prohibida la entrada en la conversación. Entonces, lo que parece ser una entrevista más, pasa a convertirse en uno de esos momentos que se disfrutan sin prisa para saborear a gusto las palabras del otro.
Las respuestas se columpian como niñas en ese acento puertorriqueño, vestido de cotidianidad caribeña, que se respira en las calles de San Juan. Literalmente, conversar con ella equivale a pasear por la Isla del Encanto al lado de una mujer bella y carismática, llena de experiencias que le han obsequiado sabiduría.


Sí, no hay duda. Es Aleyda Ortiz, la hispana que trabaja diariamente por alcanzar sus sueños. Humana y vulnerable, como muchas de esas mujeres latinas que la siguen incondicionalmente en sus redes sociales.


“La vida está llena de contrastes, independientemente de que seas bonita y trabajes en televisión. Tengo problemas, lucho con mi físico, enfrento realidades duras. Eso es algo que agradezco porque me permite tener los pies en la tierra y no sentirme superior a otras personas”, declara.
Como si leyera la mente de su interlocutor o intuyera que le preguntarán por ello, Ortiz asegura enfática que el 2020 ha cambiado radicalmente su vida. “Es un antes y un después”, dice con profundidad pero sin perder la simpatía. “Sería absurdo negar que mis prioridades han cambiado después de atravesar por un año que me ha mostrado la fragilidad de la vida y la importancia de vivir a plenitud el presente”.

Es inevitable imaginarla desfilando rutilante por las pasarelas o en alguno de los certámenes de belleza en los que concursó años atrás. Quizás sea la misma belleza, pero no la misma esencia. “He andado, me he caído y he aprendido. La cara bonita puede quedar en segundo plano. Quiero compartir mis vivencias para ayudar a otros”.


Eventos Magazine: Después de todo lo que ha vivido ¿qué significa la belleza para usted en esta etapa de su vida?
Aleyda Ortiz: Es una excelente pregunta, especialmente en un momento histórico como este. El 2020 ha sido un año de grandes cambios pero también de grandes descubrimientos emocionales y espirituales.
Después de todo lo que he vivido en estos meses, mi concepto de belleza cambió radicalmente. Ya no tiene que ver con lo físico o con el cuerpo. Es una cuestión de alma. Mientras más en paz estás contigo mismo, más luz y bienestar irradias. Esa es la belleza que quiero cultivar y cuidar cada día.


EM: Cuando eres bella ¿es fácil lidiar con una sociedad que sólo admira tu físico?
AO: No, para nada. Ser bella también es complejo. El reto es que vean más allá de la apariencia y se den cuenta de que eres más que un rostro y un cuerpo armoniosos.
Mi mayor satisfacción es que conozcan a Aleyda, la mujer real, inteligente, sensible y fiel a sus valores. Al final del día, la belleza física es subjetiva y efímera. Tu personalidad es lo que realmente te permite ganarte un lugar en el corazón de la gente que te rodea.
EM: ¿La belleza ha sido un obstáculo en algún momento de su vida?
AO: Recuerdo que cuando ingresé al modelaje, no tenía el cuerpo esbelto que predomina en las pasarelas. Eso hizo que me sintiera presionada a cambiar mis curvas y fue una etapa complicada.
Incluso hoy, pese a los años y la madurez que adquieres con el tiempo, sigo batallando con mi cuerpo. Mi mejor medicina ha sido el aceptarme como soy y sentirme bien conmigo misma. Debes amarte para empoderarte. De lo contrario, permites que otros te definan y te juzguen por no cumplir con sus expectativas.

EM: ¿Participar en Nuestra Belleza Latina fue contraproducente para su seguridad y su autoestima?
AO: Aunque suene extraño me encanta la autoexigencia que vivo en momentos de mucha presión, porque me motiva a ser disciplinada y me obliga a salir de la zona de confort.
La vida está llena de contrastes y pensar que todo será maravilloso, te quita la oportunidad de crecer y descubrir tu fortaleza interior. Por supuesto que viví inseguridades y pasé por momentos de ansiedad. Pero también aprendí a valorar mi perseverancia y mi deseo de superación.
EM: Es innegable que los concursos de belleza venden ideales físicos que se consideran como patrones a seguir en términos de belleza. Ideales físicos que afectan la autoestima de adolescentes y jóvenes. ¿Es momento de renunciar a un imaginario estético que no representa a muchas mujeres hispanas?
AO: Es un tema que genera opiniones extremas. Siempre he pensado que la idea de un cuerpo 90-60-90 no es una ley inquebrantable y no siempre es sinónimo de belleza y bienestar. Pero tampoco soy partidaria de promover la idea de que tener kilos de más es benigno para tu salud.
La prioridad es que las adolescentes y las jóvenes cuiden su bienestar físico y emocional. No tienen que ser extremadamente delgadas para ser bellas ni tampoco tienen que resignarse a la obesidad, sin darse la oportunidad de transformar su vida.
Si fortalecemos su amor propio y les enseñamos la importancia del respeto y el valor del cuerpo para tener calidad de vida, daremos el primer paso para formar mujeres seguras y sanas en todos los sentidos.


EM: Recientemente usted confesó que lucha contra su adicción a la comida. ¿La presión y la autoexigencia se hacen más fuertes por los patrones estéticos que maneja la televisión?
AO: Sí, pero es algo que agradezco muchísimo porque me ayuda a no descontrolarme y me motiva a cuidar mis hábitos alimenticios. Es un tema de salud y responsabilidad personal.
Estoy en una etapa de mi vida donde el cuerpo ha pasado a un segundo plano. Si mañana aumento unas libras, no es el fin del mundo. No soy un billboard andante. La vida se te va en un segundo como para mortificarte por ese tipo de cosas.
EM: Una de sus hermanas es gay. ¿Cuál ha sido la lección más significativa que ha aprendido de ella?
AO: El valor de ser uno mismo en una sociedad que te impone lo que considera ‘normal y correcto’. No todos tienen la fuerza para respetar lo que son y lo que sienten. La admiro y la respeto muchísimo por todo lo que ha vivido. Es un ejemplo de fortaleza, valentía, amor propio y dignidad.
Es una mujer que se respeta demasiado. Cree en la familia como institución y anhela encontrar una pareja estable para formar un vínculo sentimental sólido. Sin lugar a dudas, es mi maestra de vida.
EM: Tener la valentía de reconocer un abuso no es fácil. Cuando se enfrenta una situación de maltrato ¿Se llega al punto de convertirse en cómplice de la situación?
AO: Totalmente. Desde el preciso momento en el que justificas que tu pareja te maltrate, ya eres cómplice. Te habitúas a que te agredan verbal y físicamente. Se vuelve una parte de tu cotidianidad. No puedes echarle toda la culpa a la otra persona. Nadie te obliga a estar ahí. Es tu decisión.
Hoy me siento tranquila, en paz conmigo misma. He logrado perdonarme y perdonar. También he logrado distanciar mis emociones y hablar de ese episodio sin sentir dolor o juzgarme. He convertido mi experiencia en un testimonio para ayudar a otras mujeres. Así como yo lo viví, muchas lo están viviendo y una voz de aliento puede motivarlas a romper ese patrón destructivo.


EM: En sus palabras ‘belleza sin propósito no es belleza’. ¿Cuál es el propósito de Aleyda Ortíz?
AO: Aún no tengo la respuesta exacta. Estoy segura de que Dios me la dará en el momento preciso. Tengo claro que vine a este mundo para inspirar y ayudar a otros. Lo que debo averiguar con exactitud es de qué manera debo hacerlo.
Soy una persona muy espiritual y soy creyente de que las cosas suceden por algo. Si he tenido que atravesar por vivencias fuertes, es para darle luz y esperanza a otros. Me siento muy afortunada por obsequiarles lo que he pasado y por el lugar en el que hoy me encuentro.
EM: ¿Qué es lo que más extraña de su vida en Puerto Rico, antes de la fama?
AO: Ese calor familiar que no encuentras en ningún lado. Esa bendición de tomarme un café en casa de mi tía o de hablar con el señor que atiende la farmacia ubicada en la esquina de mi casa. Son momentos bellos y genuinos que guardo en un lugar privilegiado de mi corazón.
En Puerto Rico, salir a la calle es un placer porque todos nos conocemos. Eso es algo que se extraña cuando vives en los Estados Unidos. El choque cultural aún me afecta. Soy orgullosamente boricua, llevo mi isla en la sangre.

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