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CAROLINA SARASSA EL PODER DE SER COLOMBIANA EN UN PAÍS MULTICULTURAL

La periodista ha encontrado en sus raíces la fuerza inquebrantable para triunfar y dejar huella en los Estados Unidos.

Por: Salvatore Laudicina
Fotos: Alberto E. Tamargo

El tímpano izquierdo, capaz de ver lo invisible, encuentra el escondite de un verso del poeta colombiano León de Greiff en la voz de Carolina Sarassa. Tal escondite se localiza en un pueblito intangible de memorias, muy semejante a los pueblos de Guatapé y Jericó, pertenecientes al departamento de Antioquia (Colombia). Tras ser descubierto, el verso exige ser declamado en voz alta y con una nostalgia que evoque el sentimiento de quienes abandonan su patria, en ese cambiante trasegar de la vida, para pisar otro suelo y dejar nuevas huellas en un país lejano:

La luna blanca… y el frío…
y el dulce corazón mío
tan lejano… tan lejano…

Es aquí cuando la exitosa presentadora de la edición digital del Noticiero Univisión y La Voz de la Mañana (VIX), viaja en el tiempo para reencontrarse con la adolescente de 13 años, esa última noche en su natal Medellín.

Seguramente, mientras miraba por última vez el barrio, llorosa y triste, guardó esa luna blanca en el equipaje y se abrigó con ese frío que hace más cálidas las conversaciones de quienes nacieron y de quienes viven en esta ciudad colombiana, para sentirse cerca de su tierra cuando sus pies pisaran el asfalto de Miami y su corazón se viese obligado a extrañar.

Para entender el porqué la familia Sarassa decide abandonar su país, se hace pertinente un breve contexto histórico de lo que acontecía en aquel entonces. En la década de los noventa, la capital antioqueña era la concubina de un destino aciago: violencia, narcotráfico y el terror insignia de los grupos guerrilleros y paramilitares.

Específicamente en 1997, año en el que llegan a vivir a los Estados Unidos, la cifra de homicidios en Medellín es alarmante: 24.086. En ese mismo año, Antioquia es el epicentro de episodios que enlutaron la historia contemporánea de Colombia: la Masacre de Mutatá, la Masacre de Segovia, la Masacre de Mapiripán y la Masacre de El Aro, por mencionar algunos. Frente al miedo y la zozobra, emigrar es una elección razonable.

“A esa edad, no comprendía la magnitud de la violencia que vivía Medellín y Antioquia en ese momento. Me costó mucho despedirme de mis tías y mis primas. Cuando eres adolescente, no tienes la madurez para entender un cambio de vida tan radical”, confiesa.

Tras escucharla, la luna blanca y el frío del verso de León de Greiff encuentran asilo en el brillo de sus ojos y la seguridad con la que Sarassa se sienta en la silla del estudio de Univisión Noticias para informar a los televidentes del acontecer nacional e internacional.

“Si algo me ha hecho más fuerte en este país, es justamente esa capacidad que tenemos los paisas para superar las adversidades y no dejarnos vencer”.

Se puede concluir que mientras la periodista habla frente a la cámara, la adolescente le recuerda al oído el orgullo de sus raíces colombianas y el poder que sólo conocen quienes se han desprendido de su terruño para enfrentarse a un país de contrastes. Por un lado, las oportunidades. Por el otro, el desafío de adaptarse a una nueva cultura. En la mitad de ambos, los recuerdos de la Medellín de su infancia y preadolescencia. Recuerdos que la llenaron de fuerza para perseguir esas oportunidades y no dejarse amilanar por las voces internas que provienen de la inseguridad y el miedo.

“Sin esa Carolina que nació y vivió sus primeros años en Colombia, hoy no sería la mujer y la profesional que soy en este país. Mi herencia ha sido un poder para lograr todo lo que me he propuesto en los Estados Unidos”, asegura.

La curiosidad propia del periodista se despierta hambrienta. Vale la pena adentrarse en ese pueblito personal de Sarassa. Ella conoce muy bien el apetito voraz de esa curiosidad. Ha sentido y siente esa hambre con pasión e intensidad en su labor periodística. Sentada frente al personaje, sus preguntas deben cazar ágilmente a las suculentas presas. En eso terminan convirtiéndose los testimonios y las experiencias de vida en este oficio.

El entrevistador está obligado a ser un cazador muy hábil. En mucho tiempo, no volverá a tener la oportunidad de pisar un territorio tan íntimo. Sin preguntas acertadas, la expedición será infructuosa. Por otra parte, el tímpano izquierdo está ansioso por ver mucho más de aquello que es imprescindible para el alma de Sarassa.

Justamente ahí, en lo vivido y atesorado en esos días de finales y comienzos, habita ese poder que la ha convertido en un ejemplo de pujanza, tenacidad y ambición.

DEJAR ATRÁS SU PAÍS Y EMPEZAR DE CERO

Cuando se habla de la migración de los latinoamericanos a los Estados Unidos, muchos generalizar sería erróneo piensan de inmediato en el sueño americano, el premio al sacrificio de abandonar la tierra natal para luchar en un país extraño y salir adelante.

Por las mentes de quienes se quedan en sus países, se pasean escenas de bonanza donde los que se fueron, familiares o amigos, adquieren un nuevo estatus y mejoran su calidad de vida. Pareciera que ante esas imaginarias escenas, el precio emocional de abandonar el lugar de origen no fuese un tema tan relevante. Mucho más, cuando eres adolescente y tu vida gira en torno al colegio, los amigos y los momentos familiares.

Sí, los Estados Unidos es un país de oportunidades. Pero dejar atrás rostros, aromas, lugares, afectos y rutinas, es una lección difícil de aprender.

Envuelta en la piel de la adolescente introspectiva, Sarassa vuelve a experimentar la misma sensación de vacío. A la par con aquella sensación, el recuerdo de las penurias económicas de sus padres.

“Éramos muy humildes. Mis padres vendieron los muebles, mi bicicleta y hasta su argolla de matrimonio para el dinero del viaje. En lo personal, me costaba aceptar la idea de irme de Colombia, el país que me vio nacer y que tanto amaba”, rememora.

UN ÁNGEL TERRENAL: EL PRIMER DÍA EN MIAMI

Observador hasta más no poder, el tímpano izquierdo descubre en un silencio de Sarassa la escena más conmovedora de su primer día en Miami. Literalmente, es un momento cinematográfico. La escena transcurre en el hotel donde ella y sus padres se hospedan tras llegar a la Ciudad del Sol. Es allí donde un hombre reconoce en sus rostros, las imborrables y melancólicas huellas de quienes han dejado su patria. Acto seguido, sus progenitores encuentran empleo. Si aquello hubiese sido una película, el amable individuo sería un ángel terrenal.

“Desde que pisé suelo estadounidense, mi experiencia como migrante se ha caracterizado por encontrar personas maravillosas en mi camino. Aquel hombre se dio cuenta al instante de que no éramos de este país y gracias a su ayuda, mis padres entraron a trabajar en un restaurante”, evoca.

SOLIDARIDAD MIGRANTE

Sumergida en el fondo de sus reminiscencias, Sarassa afirma que el respaldo de otros migrantes fue un pilar importante en el proceso de adaptación al país, en un año donde la latinización de los Estados Unidos es protagonista. Según datos del National Center For Healch Statistics, el número de escuelas para niños latinos fue por primera vez mayor en 1997 al número de escuelas para niños afroamericanos. De igual manera, el censo anual arrojó que el número de firmas latinas aumentó en un 30 por ciento entre 1992 y 1997, superior al incremento del 7 por ciento de las firmas estadounidenses.

“Con el transcurrir de los días, una familia nos ayudó para que pudiera ingresar a la preparatoria y culminar la secundaria. Otra familia extranjera nos guio en el proceso de buscar un apartamento. Desde ese momento, supe que este país era sinónimo de apoyo y fraternidad. Nunca dudé de que saldríamos adelante y nuestra vida económica mejoraría en los Estados Unidos. Los latinos eran una fuerza importante en esa época”.

ELLA, SU COMPETIDORA MÁS DIFÍCIL

Cuando uno imagina la vida de los migrantes latinos en los Estados Unidos, piensa de inmediato en la pujanza de hombres y mujeres cuyo objetivo principal es luchar sin descanso para hacer realidad el sueño propio. Un sueño lleno de bienestar, abundancia y progreso. Pero en la lucha por hacer realidad ese sueño, no todo es color de rosa. La competencia entre latinos también forma parte del ideal de quienes se marcharon un buen día del terruño, para reescribir sus historias personales con la tinta del éxito. En este punto de la conversación, vale la pena escuchar en los labios de propia esa competencia.

“Estados Unidos es un país de oportunidades para todos. La competencia es con nosotros mismos. A diario, compito conmigo misma para alcanzar mis metas y convertirme en la mejor versión de mí. En este maravilloso país, una persona que se dedica al oficio de la limpieza puede llegar a ser el gerente de la mejor compañía de limpieza si se lo propone. Estoy segura de eso”, afirma.

ORGULLOSAMENTE DE MEDELLÍN: EL EMPODERAMIENTO HABITA EN LA IDENTIDAD

Los años y las nuevas vivencias resignifican la vida de un migrante. Se aprenden nuevas costumbres, cambia la manera de pensar y se conocen personas que se convierten en familia con el paso del tiempo. Es así como la cultura primaria tiende a difuminarse en la multiculturalidad del nuevo espacio.

Sería irrisorio pensar que el caso de Sarassa es la excepción a la regla. Por ello, se hace justo preguntar por su identidad cultural en un país donde, a la par con la idiosincrasia estadounidense, interactúa con otras costumbres latinas.

Al instante, sin titubear, responde con voz potente: “jamás dejaré de ser la mujer que nació orgullosamente en Medellín, hija de padres colombianos y criada con los valores de la familia tradicional colombiana. Eso me empodera como mujer, madre y periodista en este país. Cuando pierdes tu identidad, dejas de ser tú”.

Sus palabras dejan en claro que el empoderamiento femenino no encuentra cabida sin esas raíces y memorias que se arraigan en el corazón. Sin ellas, la periodista no podría mirar fijamente a la cámara para informar a sus compatriotas de lo que acontece en esa Colombia resiliente de gente pasional y emprendedora.

Mi identidad ha contribuido a sentirme segura de quien soy y me ha permitido entender otras culturas y otras formas de vida. De igual manera, también me permite ponerme en los zapatos del otro y comprender las historias de quienes llegan a este país para lograr sus sueños y metas”.

VALORACIÓN DE SÍ MISMOS: LA HERENCIA DE CHLOÉ Y NOAH

La equidad entre hombres y mujeres en el país parece lejana e inalcanzable. En 2021, el valor de la hora laboral para las mujeres latinas fue de 57 centavos de dólar. La de los hombres, 1 dólar.

Si bien la brecha de género en los Estados Unidos disminuyó al 76.9 % en 2022, ocupando la posición 27 en el ranking mundial, falta mucho camino por recorrer. Anualmente, la cifra de pérdida por la brecha salarial es de 9.954 dólares.

Tras la pregunta sobre el tema, retumba un silencio breve en los labios de Sarassa. El tímpano izquierdo se topa de frente con los pensamientos de Carolina, la madre de Chloé y Noah.

Para ella, lo más importante es que ambos gocen de oportunidades que les permitan realizarse como seres humanos, más allá de estas realidades que imposibilitan el equilibrio en la sociedad contemporánea.

“Quiero que tanto ella como él tengan una valoración positiva de sí mismos. Esa valoración es necesaria para avanzar como sociedad. Si los hombres entienden lo que ellos valen, comprenderán lo que valemos nosotras. Así podremos construir un mundo mejor”, expresa.

EL CASO DEBORAH FLORES-NARVÁEZ

Quienes conocen de cerca a Carolina Sarassa, pueden dar fe de que la escritura y ella viven uno de esos noviazgos que duran toda la vida. Podría decirse que las letras son el escondite donde se entrega en cuerpo y alma al placer de crear una arquitectura que entremezcla lo periodístico y lo narrativo.

Eso puede corroborarse en Dancing on Her Grave: The Murder of a Las Vegas Showgirl, libro escrito por ella y la reportera Diana Montané, investigación sobre el asesinato de la bailarina puertorriqueña Deborah Flores-Narváez. La historia fue llevada a la televisión, en una pelícu la protagonizada por Roselyn Sánchez.

Pero lo que pocos imaginan es que durante su travesía indagatoria, vive uno de los momentos más complejos de su trayectoria profesional: decirle a Mia, la mejor amiga de Deborah, que estaba muerta.

“Fue muy difícil, pero sensato de mi parte en ese momento. No hay una ma- nera romántica o bonita de comunicar la muerte de un ser querido. Si tuviera que hacerlo otra vez, lo haría. No hubiese podido irme de su casa sin revelarle la verdad”, relata.

LOS LIBROS PENDIENTES

Conjuntamente con la presentación de noticias, trabaja en dos libros. Uno de ellos está en pausa. El otro se encuentra en fase de revisión y espera publicarlo en 2024.

“Escribir es mi pasión. Mientras tenga vida, lo seguiré haciendo. Aun- que amo la presentación de noticias, el periodismo escrito me ha cautivado desde la universidad”.

REINVENTARSE Y CRECER

Curioso a más no poder, presintiendo el final de la conversación, el tímpano izquierdo busca sin césar en las palabras de Carolina Sarassa, la periodista ganadora de seis premios Emmy Gabrielle, reconocida como Conductora de Noticias del Año y Mujer Emprendedora del Año, las huellas del ego que habita en los seres humanos. Un ego que muchas veces, al conocer el éxito, termina acomodándose plácidamente en la zona de confort. Es necesario averiguar sobre el miedo a la comodidad, en un momento profesional donde la cosecha ha rendido frutos. Hoy, es el rostro del Noticiero Univisión: Edición Digital. Adicionalmente, su faceta de escritora le ha obsequiado satisfacciones. Su nombre goza de reconocimiento, confianza y credibilidad en un gremio exigente y competitivo. Una estabilidad económica y laboral nada despreciable.

“En el periodismo, cada día hay retos y desafíos que te permiten reinventarte y crecer como profesional. Lo que estoy viviendo hoy en Univisión, es el resultado del esfuerzo y la dedicación. Pero tengo claro que todo cambia y debemos ir de la mano con el cambio. Quiero seguir escribiendo y trazándome nuevos horizontes”, asegura.

LEVANTARSE, SEGUIR Y ECHAR PA’LANTE: EL ADN PAISA

Hay algo que está allí, presente, latiendo con fuerza en la garganta de Sarassa. Algo que el tímpano izquierdo, invitado necesario en esta conversación, capaz de ver lo intangible en aquella voz femenina, no ha observado: la resiliencia y el espíritu inquebrantable que la han acompañado desde el momento en el que abordó el avión y dejó atrás su ciudad.

Esa resiliencia y espíritu hicieron que Medellín sanara sus heridas y se convirtiera en un modelo de progreso y desarrollo en el país, transformando su aciago pasado en bonanza. Sí, aún hay violencia. Pero son más grandes las ganas de emprender, las sonrisas de la gente en la Plaza Botero, el aroma irresistible de las arepas en la tienda del barrio, el optimismo contagioso de los comerciantes y el don único que poseen los hijos de Antioquia para levantarse, seguir y echar pa’lante, suceda lo que suceda. El ADN paisa, para ser más exactos.

Ese ADN es el que late con fuerza en su garganta y recita aquel verso de León de Greiff que resume el amor por su tierra en la lejanía.

“Si algo me ha hecho más fuerte en este país, es justamente esa capacidad que tenemos los paisas para superar las adversidades y no dejarnos vencer. Somos gente trabajadora, optimista. Eso no se pierde, pese a los años de vivir en otro sistema cultural y otras tradiciones. Eso se lleva en el alma”, concluye.

Seguramente cuando sean adultos, Chloé y Noah descubrirán ese ADN en sus espíritus y su madre los dejará entrar a ese pueblito donde atesora las memorias que le han obsequiado la fuerza inquebrantable para triunfar y dejar huella en los Estados Unidos.

Allí, encontrarán grandes enseñanzas que les permitirán ser felices y sentirse orgullosos de sus raíces colombianas

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